Considero que me tocó crecer en una familia hermosa, simpre agradecere por la oportunidad que me dieron mis padres de pertenecer a este mundo donde mi infancia siempre fue de aprendizaje y oportunidades para ayudar a los demás, mi don.

 

Me defino como un ser alegre intuitiva y sincera, agradecida desde pequeña por lo que he tenido.


Al pasar de los años lo que yo consideraba un acto de generosidad se transformó en compromiso, mi don había perdido la fuerza con la que de pequeña me hacía sentir bien, empecé a olvidarme de mi por complacer a los demás.

Fue entonces el momento en que YO decidí cambiar mis pensamientos, mi vida entera empezó a cambiar, valoraré mi cuerpo tal y como Dios me hizo, comencé a reconocer mis sentimientos, a soltar cosas y personas que no ayudaban en mi vida, a perdonar y a perdonarme por todas esas creencias o juicios creados en mi.

Fue entonces que supe como podía ayudar a los demás, recuperé mi don y la felicidad también.

Conocí amistades sinceras, que te ayudan a ver que la distancia no es pretexto para cuando hay amor sincero.

 

Le di la oportunidad al amor con lo cual me quitaba otra creencia errónea, “que se necesita tener muchas parejas para tener al indicado” ese no fue mi caso, me topé con otro increíble, un ser de luz, que se alegra por lo que soy, por lo que hago, por mis logros.

 

 

 

Hemos unido nuestras vidas y estamos en el camino de la transformación, de enseñanza y aprendizaje, del amor y del respeto. El camino que llevará a vivir en armonía como dos seres individuales que tienen la misma meta.